Como toda rama del Derecho,
el Derecho Internacional Público cuenta con una serie de características que se
deben precisar y conocer (al menos en forma generalizada) desde el comienzo de
su estudio. Caso contrario, difícilmente su aprendizaje sea abordado
correctamente.
El DIP tiene como función
esencial regular las relaciones entre los estados y entre los demás Sujetos
(Organismos Internacionales, Santa Sede, Cruz Roja, Etc.) de este ordenamiento
jurídico.
Partiendo del principio que
establece que los Estados son libres y soberanos, el DIP se encuentra ante un
primer y máximo desafío, el de lograr funcionar como regulador de las
relaciones existentes entre sujetos que no se encuentran obligados a ser parte
de normativas que sientan que no los interpelan.
De ello resulta, por
ejemplo, que grandes potencias (como EE UU y China) no hayan ratificado diversos instrumentos
internacionales relativos a los Derechos Humanos.
A diferencia de como
habitualmente funciona todo sistema jurídico (mínimamente desarrollado), donde
hay normas obligatorias y órganos dotados de las atribuciones necesarias para
hacer cumplir coercitivamente sus decisiones, el DIP carece de ellos (lejos se
encuentra el Consejo de Seguridad de la ONU de cumplir ese rol).
Resulta habitual la
confusión sobre concebir a la ONU como una organización que cuenta con determinadas facultades que la harían
asimilable a un gobierno mundial.
Y parte de esta confusión
surge como consecuencia de una incorrecta interpretación del funcionamiento de
las normas y de las relaciones internacionales.
Independientemente de la necesidad
ineludible de todos los estados de mantener vínculos (comerciales, militares,
diplomáticos, etc.) entre ellos, el ser parte de determinadas organizaciones internacionales
o no, el firmar o ratificar convenios, el adherirse a ciertas normativas pretendidamente mundiales o regionales, sigue
siento una potestad de cada Estado.
El DIP se ha desarrollado fuertemente a partir del siglo 20,
básicamente como consecuencia de dos hechos históricos determinantes, como han
sido la Primera y la Segunda Guerra Mundial.
Es a partir de estos
sucesos, que la comunidad internacional comienza a trabajar organizadamente en la búsqueda de principios y
normas universales, con el primordial objetivo de que aquellos criterios
comunes resultará la piedra fundamental
de una mejor convivencia.
Si bien mucho se ha avanzado
en la ratificación e implementación de normas prácticamente globales, la
diferencia de poderío económico y militar entre los diversos actores, sigue
marcando la directriz del funcionamiento de las relaciones internacionales.
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