domingo, 24 de julio de 2016

África se desangra en otra guerra tribal

África se desangra en otra guerra tribal
El odio ancestral entre los dinka y nuer sume a Sudán del Sur, el país más joven del mundo, en un sangriento conflicto con decenas de miles de desplazados
Combatientes rebeldes patrullan una zona en Alto Nilo (Sudán del Sur).  REUTERS

El sol despunta en Juba y centenares de mujeres aguardan pacientes en el suelo, cercadas por voraces púas del alambre de espino que delimitan los accesos a la zona de recogida de comida. Soldados de Naciones Unidas, provistos de material antidisturbios, velan por la seguridad. Cuando el estómago de un hijo ruge por culpa del hambre una madre es capaz de hacer cualquier cosa. “Todos los días guardan cola para poder llevarse algo de comer a la boca. Si no fuera por ayuda internacional hace semanas que hubiésemos muerto de hambre”, comenta Tut Laey Badeng.
Este joven, de 26 años y antiguo estudiante, comienza a desplegar la sombrilla de su puesto de telefonía móvil en el campo de desplazados de Tomping (Juba). Coloca sobre la mesa las recargas de teléfono, un bote con caramelos, bolsas con cacahuetes y se sienta a esperar a que lleguen los clientes. Tut lleva repitiendo este ritual desde hace 14 días cuando tuvo que huir junto con su familia. “Los dinka (etnia a la que pertenece el presidente Salva Kiir) entraron en mi aldea y comenzaron a disparar contra todos. Nosotros por suerte logramos huir”, dice.
Este inmenso campo da cobijo a 27.000 personas que huyen de la exterminación sistemática que se está produciendo por todo Sudán del Sur. “Aquí somos casi todos nuer. Los dinka son los que nos están exterminando. Es lo mismo que ocurrió en Ruanda entre los hutus y los tutsis, un genocidio”, denuncia Tut Laey Badeng.

Crece el riesgo de que el Estado viva un genocidio como el ruandés
Tras obtener la ansiada independencia del norte en junio de 2011, este año iba a ser el año de Sudán del Sur. El PIB debía crecer un 35%, las arcas del gobierno iban a rebosar de dinero procedente del petróleo, 500 empresas de 55 países tenían intención de invertir en el país. El futuro era inmejorable en el país más joven del mundo, pero la noche del 15 al 16 de diciembre ese futuro se esfumó. Un enfrentamiento entre soldados de la guardia presidencial (formada por nuer y dinka) desencadenó fuertes combates en la capital, Juba. Aquellos dos días de violencia étnica prendieron la mecha que acabó conduciendo al país a una nueva guerra civil (la tercera en 50 años, 1955 a 1972, y 1983 a 2005).
Fuente: ONU.

Con la ansiada independencia las rencillas entre las tribus quedaron aparcadas tras fuertes apretones de manos y sonrisas forzadas, pero las ansias de poder de unos y otros seguían latiendo con viveza. Los líderes militares que estaban detrás de las más cruentas matanzas en las últimas dos décadas colgaban el uniforme militar y guardaban las condecoraciones bajo un traje de rayas y corbata. Salva Kiir y Riek Machar se convertían en presidente y vicepresidente de Sudán del Sur. Pero la lucha seguía latente. Los dinka, el grupo étnico mayoritario, había ido acaparando poco a poco todo el poder, lo que no era visto con buenos ojos por las otras tribus. Pero el incidente que desencadenó esta ola de violencia fue provocado por la destitución de Machar, quién había comunicado su intención de presentarse a las elecciones presidenciales de 2015.
“Estamos encarcelados en este campo. Yo solo quiero ir con mi familia que está en Uganda. Quiero irme para no volver nunca más”, se lamenta Simón Gus, padre de seis hijos. Su mujer fue violada y asesinada cuando los dinka tomaron su aldea cerca de Juba. “No podemos salir a la calle porque los dinka nos cazan como si fuésemos perros. Han tratado varias veces de acceder al campo pero los soldados de la ONU se lo han impedido”, finaliza. La situación de Simon es muy común entre los desplazados. Muchos tienen familia en Uganda, Etiopia o Sudán del Norte pero tratar de llegar hasta las fronteras puede suponer su muerte. “Lo único que necesitamos es que los soldados de Naciones Unidas nos escolten hasta la frontera y poder cruzarla con la garantía de que llegaremos al otro lado sanos y salvos”, apunta otro desplazado del campo.

“Aquí hay 27 mujeres degolladas por los nuer cuando tomaron Bor”
El odio fratricida entre las dos etnias mayoritarias de Sudán del Sur es histórico. Ya en 1991, las tropas leales al nuer Riek Machar —actual líder rebelde y exvicepresidente del país— arrasaron las zonas dinka de Panaru, Bor y Kongor, donde más de 200.000 dinkas huyeron de los combates. Pero los afines a Machar se cebaron con la localidad de Bor —ciudad natal de John Garang, dinka y líder del SPLM/A (Movimiento/Ejército para la Liberación del Pueblo de Sudán)— donde acabaron con la vida de 5.000 personas. La respuesta de Garang no se hizo esperar y las tropas del SPLA arrasaron las zonas al oeste del Alto Nilo, donde los nuer son la etnia mayoritaria.
“Somos enemigos históricos. Irreconciliables. Luchamos unidos durante cierto tiempo para conseguir la independencia de Jartum (capital de la República del Sudán). Una vez conseguida volvemos a luchar entre nosotros por el poder… como hemos hecho toda la vida”, aclara Yoal Gatluak. Este nuer vive en el campo de Tomping desde hace tres meses. Sobrevive como puede a pesar de estar atemorizado por el futuro de sus hijos y por la situación de violencia que se vive en todo el país. Gatluak es contrario al gobierno de Salva Kiir al que acusa de organizar falsas partidas de ayuda humanitaria que no tienen otro objetivo que matar a los nuer. “Nos engañan para que volvamos a nuestros hogares para luego perseguirnos y exterminarnos”, denuncia.
La ciudad de Bor, capital del estado de Jonglei, es probablemente uno de los mejores ejemplos de la barbarie. Allí, justo frente a la Iglesia de San Andrés, dos pequeñas cruces de madera marcan el lugar de la fosa común. “Aquí hay enterradas 27 mujeres que fueron degolladas por los nuer cuando tomaron Bor”, denuncia el parlamentario Philip Jhon Nyok. Los rebeldes permanecieron en Bor seis días (del 19 de diciembre al 24 cuando las tropas sursudanesas retomaron el control del pueblo) y pasaron a cuchillo a más de 2.500 personas. “No tuvieron piedad de nadie. Fueron casa por casa buscando a cuantos dinkas encontraron en su camino y los fueron degollando a todos”, relata.
Historias de mujeres ajusticiadas en el hospital, familias enteras asesinadas y quemadas dentro de sus hogares. Los relatos de horror y muerte se suceden en esta localidad. El miedo se ha apoderado de sus habitantes y la ciudad se encuentra semivacía. Soldados del SPLA patrullan las polvorientas calles de Bor con fusiles de asalto a las espaldas. “Los nuer que vivían en Bor se alzaron contra los dinka uniéndose a los rebeldes. Aquí habíamos vivido en paz los unos con los otros”, se lamenta Jhon Amour Kuol, diputado dinka. “El problema viene porque Salva Kiir consideró que tener a los nuer dentro del ejército y del ejecutivo ayudaba a la reconciliación y a la paz del país. Pero se equivocó. Los nuer son unos salvajes, que no saben leer y que solo saben matar y saquear”.

Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/03/21/actualidad/1395422800_317211.html


La Guerra de los 6 Días



Guerra de Corea



Plan Marshall


Doctrina del Shock


jueves, 21 de julio de 2016

La masacre de 500.000 personas que tardó medio siglo en ser declarada crimen contra la humanidad

RedacciónBBC Mundo
·         21 julio 2016
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Empezó con la muerte de seis generales cuando un grupo de militares indonesios irrumpió en sus casas en medio de la noche.
Era el 30 de septiembre de 1965 y se desataba así una oleada de represalias que se extendió por un año y acabó con la muerte de más de medio millón de personas.
El ejército de Indonesia acusó al entonces Partido Comunista Indonesio (PKI) de estar detrás del asesinato de estos generales, lanzándose contra cualquier persona sospechosa de pertenecer o simpatizar con esa formación.
Ahora, 50 años después, el Tribunal Popular Internacional 1965 en La Haya (TPI), formado por siete jueces, declaró que estas matanzas constituyeron uno de los mayores genocidios del siglo XX, calificándolo como crimen contra la humanidad.
Un conflicto más amplio
Gobernada por Sukarno, su primer presidente tras haberse independizado de Holanda, Indonesia vivía en un precario equilibrio entre tres poderosas fuerzas: el ejército, el Partido Comunista y los grupos islámicos.
El Partido Comunista de Indonesia era el segundo más grande del mundo, con unos tres millones de militantes. Aunque no formaba parte del gobierno tenía una creciente influencia en el mismo.
Eran los tiempos de la Guerra Fría y Sukarno, fundador del movimiento de Países No Alineados, estaba cada vez más enfrentado con las potencias occidentales, especialmente por el apoyo de estas a la creación de la Federación de Malasia.
En un discurso en marzo de 1965, Sukarno acusó al "imperialismo occidental" de los conflictos en Vietnam, Laos y Camboya.
Internamente, la situación económica del país se deterioraba gravemente y había crecientes enfrentamientos entre militantes del Partido Comunista y grupos islámicos y nacionalistas que derivaron en choques sangrientos, sobre todo en Java.
Al mismo tiempo, militantes del PKI y sindicatos controlados por ese partido realizaron numerosas acciones de acoso contra funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en Indonesia.
En este contexto, se produjo la muerte de los seis generales, que fue reivindicada por un grupo militar llamado Movimiento 30 de Septiembre que tomó el control de algunos lugares clave y proclamó un régimen revolucionario.
Asumiendo que lo ocurrido fue un plan orquestado por el PKI, el entonces jefe del ejército, el teniente general Suharto, inició la persecución de los militantes de esa organización política.
Pocos meses tras las matanzas, en 1966, Suharto tomó las riendas del país y un año más tarde se convirtió en presidente, cargo que mantuvo los siguientes 31 años.
El regreso de la memoria
Tras décadas de olvido colectivo, la presión para que esta masacre saliera a la luz tan solo cobró fuerza por el documental The Act of Killing, con el que fuenominado al Oscar el estadounidense Joshua Oppenheimer.
En la película, Oppenheimer muestra a los asesinos alardeando de sus crímenes y volviendo al lugar de los hechos para mostrar en detalle lo que hicieron.
"Les pegábamos hasta matarlos y después quedaba una mancha fea de sangre, así que empezamos a usar alambres", dijo uno de ellos.
Cómo es que esta matanza desapareció de la memoria colectiva en Indonesia, preguntó BBC Mundo hace un año al cineasta.
"Es como si Hitler hubiera ganado la guerra y Himmler fuera un héroe nacional, salvador de la patria. En Indonesia, los ganadores siguen teniendo muchísimo poder y toda la impunidad del mundo para seguir perpetuando su versión de los hechos", respondió.
Oppenheimer después de The Act of Killing rodó un segundo documental, The Look of Silence, mostrando a los sobrevivientes y sus familiares.
Un tribunal simbólico
El Tribunal Popular Internacional (TPI) para estudiar la comisión de crímenes contra la humanidad en Indonesia en 1965 no es una instancia con competencias jurídicas reales.
Está formado por destacadas organizaciones de derechos humanos internacionales. Sesionó en noviembre de 2015 y en sus audiencias participaron seis fiscales internacionales y siete jueces, así como decenas de testigos y expertos.
Su creación surgió como iniciativa de un conjunto de organizaciones no gubernamentales, a partir de la realización de los documentales de Joshua Oppenheimer.
Su existencia apunta más hacia el objetivo de impulsar a las propias autoridades de Indonesia a investigar lo ocurrido y sancionar a los responsables.
Procedimientos similares se han aplicado en el pasado ante situaciones que no han podido ser canalizadas a través de procesos judiciales formales como, por ejemplo, la guerra de Vietnam o la situación del pueblo palestino.
La sentencia
En su sentencia, el TPI exige que el gobierno de Indonesia pida disculpas, investigue este caso y deje de pretender que no pasó nada.
Declara además que Estados Unidos, Reino Unido y Australia "fueron cómplices" en diferentes grados de esta matanza. Su veredicto, sin embargo, no es vinculante.
La coordinadora indonesia del tribunal, Nursyahbani Katjasungkana, le dijo a la BBC que llevarán los resultados de este juicio a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU el 17 de abril de 2017 e incluirán estas conclusiones como parte de un informe.
Indonesia no reconoce este juicio y todo está en el pasado"
Agus Barnas, portavoz del gobierno Indonesio
Pero el gobierno indonesio inmediatamente salió a la palestra, y a pesar de reconocer que ocurrió "un evento", aseguró que lo resolverán sin intervención extranjera.
"Indonesia no reconoce este juicio y todo está en el pasado", le dijo a la BBC el portavoz gubernamental Agus Barnas.
Negación
Y es que en medio de la Guerra Fría y con Vietnam de telón de fondo, la intervención del entonces jefe del ejército indonesio, el teniente general Suharto, contra el Partido Comunista contó con la aprobación, o al menos la vista gorda, de las potenciales occidentales.
Muchos pensaron que cuando abandonó el poder en 1998 se inauguraría un periodo de reformas. Sin embargo, según el tribunal popular en La Haya, seguidores de Suharto tomaron el poder.
El nuevo presidente indonesio, el reformista Joko Widodo, ganó las elecciones presidenciales hace dos años y prometió investigar las violaciones de derechos humanos relacionadas al "asunto de 1965", pero desde entonces no ha pasado nada.
Al menos por ahora.

Fuente: http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-36845663#share-tools


sábado, 9 de julio de 2016

Historias

La Balsa

El miedo con el que Teodoro abordó aquella balsa, era tan inmenso que sin dudas se podía tomar como exceso de equipaje. Los requisitos para ser aceptado en aquella travesía, eran ser los dueños de la miseria, la pobreza y unos derechos humanos pulverizados.

Todos los boletos servían para la misma ubicación. Todos contaban con una privilegiada vista y estaban provistos de una mirada que apuntaba directamente a las estrellas.

Los 3 por 5 metros, agrupaban a más de 40 personas que tenían en común casi todo, pese a no tener casi nada.

El clima se comporto como un aliado, permitiéndoles dejar atrás el lugar que emanaba sangre y desesperanza de sus entrañas.

La leyenda contaba que ante cada intento de trabajar la tierra para poder sembrarla, se escuchaban alaridos de dolor.

La Europa a la que llegaron los recibió de muy mala gana.

Rápidamente entendieron que ese no iba a ser su lugar. Poco tiempo pasó hasta que finalmente se dieron cuenta que habían nacido en un mundo donde ninguna dignidad les correspondía. Donde ningún lugar humano había sido siquiera pensado para ellos..



Dudas

En la clase de finanzas se explicaron los beneficios de la economía liberal. Lo bien que le hacia a un país permitir que las inversiones extranjeras no tuviesen que sortear complicados obstáculos burocráticos o tener que lidiar con viejas concepciones nacionalistas. "Eso al mercado no le gusta. Una mínima intervención estatal es fundamental para crear un buen clima de negocios" concluyó el docente. José, quien tenía 18 años, levanto la mano para preguntar  , "profesor, estamos llegando al final del cuatrimestre y durante todas las clases las palabras libertad, inversión y ganancias han estado siempre presentes, pero según mis apuntes, en casi ningún caso se nos ha nombrado a nosotros, los ciudadanos, por lo tanto hay algo que no entiendo. Todo esto que nos explica ¿ es bueno para quien?"

Temario del blog

  Los mapas que muestran las disputas territoriales en países de América Latina Derecho Internacional Público. Por Juan Halupka Nacionalidad...